Hay una cosa que la Universidad ha conseguido hacerme, y no sé hasta qué punto es bueno o malo: volverme muy escéptico. Cuando comencé el primer cuatrimestre, a mediados de septiembre, las clases tenían una pinta inmejorable. Parecía que los profesores eran bastante competentes y que íbamos a aprender mucho. Craso error: salvo dos profesores y sendas asignaturas, la decepción ha sido mayúscula y el nivel de hartazgo mayor. Por fin, tres años y medio después de comenzar, me ha quedado totalmente claro que el aprendizaje (y no hablo del puramente académico, sino que, por ejemplo, te descubran un programa de radio diferente en la radio convencional) tiene que venir de fuera: de tus compañeros, de abrirte un blog, de hacer prácticas, de salir a la calle a ver mundo...
Por esa razón, soy escéptico ante el nuevo cuatrimestre. Veo las nuevas asignaturas con sus correspondientes temarios e intento no hacerme ilusiones ante lo que dentro de mes y medio puede ser un profesor poco competente para su materia o unas prácticas frustrantes.
Pero yo quería hablar de otro tipo de escepticismo. De salir de una reunión con responsables de tu facultad y no creer que van a solucionar los problemas de tus compañeros de clase. Uno escucha sus palabras y confía en ellos, en que solucionarán tu injusta situación ante los nuevos planes de estudio (a.k.a. Bolonia) y en que todo irá a mejor durante el año y medio (si no más) que queda entre estas paredes. Pero uno tiene que ver resultados y no solo buenas palabras. Aunque para ello haya que volver a actuar. Por eso intento ser cauto y no hacerme castillos en el aire. El tiempo dirá, y espero que diga cosas buenas.
Por esa razón, soy escéptico ante el nuevo cuatrimestre. Veo las nuevas asignaturas con sus correspondientes temarios e intento no hacerme ilusiones ante lo que dentro de mes y medio puede ser un profesor poco competente para su materia o unas prácticas frustrantes.
Pero yo quería hablar de otro tipo de escepticismo. De salir de una reunión con responsables de tu facultad y no creer que van a solucionar los problemas de tus compañeros de clase. Uno escucha sus palabras y confía en ellos, en que solucionarán tu injusta situación ante los nuevos planes de estudio (a.k.a. Bolonia) y en que todo irá a mejor durante el año y medio (si no más) que queda entre estas paredes. Pero uno tiene que ver resultados y no solo buenas palabras. Aunque para ello haya que volver a actuar. Por eso intento ser cauto y no hacerme castillos en el aire. El tiempo dirá, y espero que diga cosas buenas.
De acuerdo en lo de ser escéptico. Siempre y ante todo/s. Y no de acuerdo en lo de esperar "a que el tiempo ponga las cosas en su sitio", que creo que es lo que venías a decir en tu última frase. No seamos teleológicos,escribamos nuestro camino (ya sea en contra de Bolonia, de Florencia, de Chávez o de las centrales nucleares)y cuanto antes, porque en realidad el tiempo es una restricción a nuestra vida, más que una solución.
ResponderSuprimir¡Ey, Edy! Gracias por pasarte por aquí. Con la última frase ("el tiempo dirá"), a lo mejor no me he explicado bien, me refería a que con el tiempo veremos si lo que reivindicábamos en la reunión con los miembros del decanato (recuperación de asignaturas dentro de nuestro plan, por ejemplo) se haga realidad cuando el decano lo proponga en el Consejo de Departamento. Él decía que iba a "aconsejar" y nosotros decíamos que había que "exigir" algo. Sí, desde luego, tenemos que seguir dando la tabarra :). Lo que decía: "Aunque para ello haya que volver a actuar".
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